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Yasmani Acosta: Un luchador con todas sus letras

Yasmani Acosta vestido de huaso chileno. Foto: Mauricio Palma

El siguiente es un extracto de la entrevista realizada a Yasmani Acosta en el libro “Camino al podio”, del periodista José Antonio Giordano.

En ella, el luchador de origen cubano, quinto en Tokio 2020 y medallista mundial en Lucha Grecorromana cuenta sobre sus inicios en el deporte, las particularidades del sistema deportivo en su país de nacimiento y su decisión de venir a Chile para finalmente competir por nuestro país a nivel olímpico. Una historia digna de conocer la de Yasmani Acosta.

-¿Cuándo te hizo click? De decir basta, de irte a otro país, de venir a Chile. Cómo se gesta eso.

Eso venía pensándolo hace un tiempo, cómo será estar en otro país. Al principio, pensaba sólo en viajar a competir, comprar cosas para mi mamá, y volver. Pero después fueron aumentando las ganas de ir a un Mundial, de ir a unos Juegos Olímpicos. Algo que no iba a poder hacer con el mejor deportista de toda Cuba, Mijail López, a mi lado.

Entonces empecé a pensar en vivir en otro país, tener otra situación, tener más dinero para ayudar a mi mamá y a mi hermano. Me dolía no poder darle lo que yo quería. Ya me duele que mi padrastro no me haya visto llegar donde llegué.

-¿Cómo se pone en marcha la salida de Yasmani Acosta?

Yo llevaba un tiempo sin viajar a competir a otros países. Y había un campeonato nacional donde el ganador iba a ser el elegido para ir al Panamericano específico en Chile, el 2015. Yo no estaba entrenando bien, estaba desganado. Mijail no iba a participar, tenía otro evento en algún lado.

Pero él mismo se me acercó y me dijo ‘Oye, escuché que al ganador del nacional se lo llevan pa’ Chile. Entrena, dale’.

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-Cuando supiste de la posibilidad de viajar a Chile, ¿pensaste inmediatamente en quedarte?

Sí, pero antes había un paso previo, que era ganar el nacional y quedar seleccionado.

Ese había pasado a ser mi nuevo objetivo, corría todos los días pensando en eso. Además, que un par de veces toqué el tema con mi mamá, pero ella no me respondía nada. Se paraba y se iba, se ponía triste. O me decía que yo estaba cambiándola a ella por mi bienestar. Yo quería ayudarla a ella en tantas cosas, seguir subiendo en mi deporte. Yo ya me sacrificaba bastante, cómo puedo seguir haciendo esto si no veo resultados.

Pero tampoco estaba seguro de querer irme. Todo eso me daba vueltas en la cabeza.

Pero pensaba en eso mientras corría, mientras hacía pesas, mientras me preparaba para ser seleccionado. Corría en la carretera de mi pueblo, me acuerdo bien, y cada vez que iba a bajar el ritmo, me concentraba y no aflojaba. Llegaba a mi casa, me duchaba, me tomaba un vaso de leche y me acostaba. Pero duraba acostado como dos horas y volvía a salir a correr. Mi mamá me regañaba. Mi gran motivación era venir a Chile.

-Y Yasmani Acosta ganó el nacional.

Lo gané fácil. Le gané a todos. Me fui a Chile a competir y de inmediato hablé con Andrés Ayub, el luchador chileno. Lo conocía de Cuba, él varias veces había estado allá entrenando. Le hablé con un poco de vergüenza, lo conocía, pero no era mi mejor amigo, no tenía tanta confianza. Entonces le pregunté “¿Qué te parece si me quedo en Chile?”.

Yo por un lado quería quedarme, pero por otro no quería dejar sola a mi mamá. Entonces, para evitar tomar una decisión, pensaba: “Lo que me diga Ayub, sea lo que sea, lo hago. Y ojalá me diga que no. Así nadie me puede decir que no lo intenté”.

Me dice “Yasmani, yo feliz, feliz de que te quedes en Chile, yo te ayudo como pueda”.

Éramos 25 cubanos alojando en el Centro de Alto Rendimiento del Estadio Nacional, todos los que viajamos a competir. Estuvimos más de 20 días, considerando los días que estuvimos entrenando. Y la conversación la tuve al segundo día, así que de ahí en adelante pensaba todo el día si me quedaba o no.

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-Me imagino que además hay una parte logística de cómo quedarse acá, ¿no? Salir callado de la pieza, que no te vean, dónde quedarte, es como de película.

Tuve que pensar tantas cosas. Incluso Mijail, que finalmente viajó a Chile, pero a entrenar y no a competir, me pasó una bolsa con cosas para que le llevara yo en mi maleta, porque a él no le cabían. ¡Y no podía decirle que no iba a Cuba!

Las últimas noches en Chile nos fuimos del CAR y alojamos en un hotel, en el centro. No me acuerdo cómo se llama, era en la Alameda. Tenía dos leones afuera, creo que en Santa Lucía.

-Tenías que arrancar antes de que despertaran todos y se fueran.

Entonces Ayub me dice que él me va a esperar abajo, como a las cuatro de la mañana.

Yo tenía que salir de la habitación sin nada, incluso ellos te retienen el pasaporte para que no te quedes. También pude haberme escapado en el aeropuerto, cuando me dieran el pasaporte, pero me iba a sentir mal de hacerlo frente a ellos.

Desperté a mi compañero de pieza, le dije que me iba, que me quedaba en Chile. Me dio un abrazo. Le pasé las cosas de Mijail para que él se las llevara. Bajé sin nada, y cuando llegué al lobby la persona de la recepción me preguntó dónde iba, probablemente para ayudarme, pero yo estaba tan nervioso que ni lo miré y le dije voy a la esquina, voy a la esquina.

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Me subí al auto de Ayub, y en esos dos segundos piensas muchas, muchas cosas. Me llevó a un motel, me dijo que me dejaba solo para que no pensaran que éramos pareja, jaja. No dormí nada, todo el rato pensaba que iban a llegar a buscarme, con helicópteros, dónde está Yasmani, dónde está Yasmani.

Al día siguiente nos volvimos a ver, me fui del motel a un hostal y me dio con el contacto de un amigo suyo, que me iba a alojar por un tiempo, además de ayudarme a conseguir trabajo con Seguridad Olímpica, la empresa donde estaba él. En eso empiezan a escribirme todos mis compañeros de Cuba, que ya estaban haciendo escala en Panamá y se dieron cuenta que me había quedado.

-¿Cómo fue la conversación de Yasmani Acosta con su mamá?

Uff… difícil. Pero el día más difícil fue cuando salí de mi casa en Cuba, cuando fui a despedirme antes del viaje, sabiendo que podía ser la última vez.

-¿Le contaste que te querías quedar?

Sí, ya sabía. Ella siempre me iba a buscar cuando yo llegaba de algún viaje, y le dije: ‘esta vez no me vayas a buscar al aeropuerto’. Me despedí y no miré pa’ atrás. Yo quería mirar, pero sabía que si miraba, no me hubiese ido. Los hubiese visto llorando, y no me voy.

-¿Cuándo se da la primera conversación entre Yasmani Acosta y la Federación Chilena de Lucha?

Lo que pasó es que la federación cubana de inmediato le preguntó por mí a la federación chilena, y ellos le preguntaban a Ayub. Ayub les decía que no tenía idea, jaja. Pero como a la semana les dijo sí, yo sé dónde está, y me llevó a hablar con ellos. Pero yo no quería ir. Me iba a encontrar con el profe Almanza, que es cubano, con qué cara lo iba a mirar. Llegué mirando hacia abajo, no quería mirarlo.

Pero me dijo “Tranquilo, ya estás aquí, vamos a ver cómo lo podemos hacer para que puedas competir en Chile”.

-¿Un alivio, no?

Sí, pero yo sabía que iba a ser difícil. Estuve dos años donde prácticamente no pude entrenar. Pude hacer algo de gimnasio, pero no tenía tiempo, tenía que trabajar, tenía que cocinar. Cuando me acostaba en la cama, pensaba ‘este período es para no morirme de hambre’.

El 2017 obtuve los permisos, volví a entrenar y comencé a prepararme para competir por Chile. Además me dieron la nacionalidad por gracia, fue un momento muy lindo y muy emotivo. Me fui de la pieza que arrendaba y me vine a vivir al CAR, donde estoy hasta el día de hoy. Me sentía raro viviendo en una pieza, no sabía cocinar, me sentía un cero a la izquierda, siempre estuve acostumbrado a vivir becado o internado. Sentía que volví a la normalidad.

*José Antonio Giordano es periodista de la Universidad Católica. Comenzó su carrera en Deportes de La Tercera, para luego desempeñarse profesionalmente en el Comité Organizador de la Copa América Chile 2015, el Mundial FIFA Sub-17 Chile 2015, el Ministerio del Deporte y ADO Chile.

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