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Marcelino Núñez vive su sueño

Pregunta la hora Marcelino Núñez. Tiene sesión con el kinesiólogo para recuperar el tobillo izquierdo. Está inquieto. Le gusta el fútbol y se nota.

-¿Llega al partido con Colo Colo por la Supercopa?
Mira de reojo, cierra un ojo, sonríe y después lanza una carcajada.

No será la única. Es simpático, simple. En lenguaje coloquial, “liviano de sangre”. Son muchas las veces
que repetirá que vive un sueño. Ser campeón con Universidad Católica e integrar la selección chilena
es el premio para este volante que llegó a la UC desde Colina, luego de que Alfonso Garcés -el veedor por décadas de los cruzados- lo observara en uno de los tantos torneos de barrio que recorren la zona norte de Santiago.

Hoy es titular en el tetracampeón y uno de los nombres que convencieron a Martín Lasarte para rejuvenecer la mitad de la cancha de la Roja justo cuando se aproximan los decisivos duelos frente a Argentina y Bolivia, en los que se verá si Chile sigue con vida rumbo a Qatar 2022.

Lleno de sueños

Mediodía en San Carlos de Apoquindo y la conversación con Marcelino Núñez se extenderá por casi 45 minutos. Le llama la atención la sesión fotográfica. Es raro para los futbolistas locales. Los medios escritos se extinguen y Marcelino Núñez forma parte de la generación que no conoció las revistas.

El fútbol le brota por los poros y no pierde el rumbo después de casi dos años desde su estreno con Ariel Holan frente a América de Cali en la Copa Libertadores.

Cambia la vida, pero yo soy tranquilo, relajado. Aprovecho mi familia, a la gente que me rodea trato de atenderla con fotos, saludos, autógrafos, siempre con buena disposición. Siempre queriendo más, no conformarme con poco en lo futbolístico, crearme nuevas metas y objetivos”.

-¿Cómo recuerda el día previo al debut con América en la Libertadores 2020?
Estaba muy nervioso. Tuve conversaciones con el sicólogo del equipo, Sergio Villarroel. Estuvimos como hasta la una de la mañana hablando y eso me ayudó a sacarme un poquito los nervios. Después, cuando llegamos al camarín, no lo podía creer, más encima con el estadio lleno. Cuando entré cambió todo y traté de concentrarme en lo que tenía que hacer. Ya no sentía la gente de afuera.

Por Danilo Díaz y Pablo Aravena

Fotos: Pepe Alvujar

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