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Chile 62: El Mundial que no muere

Nuestro director, Danilo Díaz, analiza el impacto que tuvo el Mundial de Chile 62 en la historia del fútbol de nuestro país.

El 30 de mayo de 1962 el fútbol de Chile inició el mayor examen de su historia, al comenzar la Copa Jules Rimet, en la séptima edición de los mundiales de fútbol.

El país, bajo el gobierno del Presidente Jorge Alessandri Rodríguez, con el mayor terremoto del que se tenga registro, recibió a 15 selecciones y congregó las miradas de un planeta que había decidido que el deporte creado por los ingleses en la Revolución Industrial era el más popular del planeta.

Un desafío gigantesco, al considerar las dimensiones de nuestra economía y las evidentes carencias sociales. Esto en una década que, por sus convulsiones, marcaría a fuego el futuro de la república.

En la cancha, Chile soñaba con una actuación digna: no ser goleado, dar la batalla. Además, en un grupo que hoy sería brutal: Suiza, Italia y Alemania Federal.

El proyecto que condujo Fernando Riera no se condice con nuestra historia. Como pocas veces en el fútbol local, hubo un camino claro, con prioridades evidentes.

El Sudamericano del 59 y la gira a Europa del año 60 forjaron un plantel que respondió a las circunstancias con una actuación descollante. El tercer lugar, con el triunfo 1-0 sobre Yugoslavia, coronó un proceso no exento de piedras en el camino. Pero que transformó para siempre al fútbol chileno.

La Roja demostraba que la selección podía ser mucho más que un rejuntado, con cuatro victorias sobre equipos europeos (Suiza, Italia, URSS y Yugoslavia). Un hito que permanece inalterable.

El efecto multiplicador del Mundial de 1962 no solo encuentra el festejo por el derechazo de Eladio Rojas que vence a Soskic en Ñuñoa, o el zurdazo de Leonel Sánchez que sorprende a Lev Yashin en Arica.

Es ante todo el salto que el fútbol local necesitaba para expandirse a lo largo del territorio. Esto en una década que sentó las bases del fútbol chileno moderno, con la irrupción de cracks inolvidables como Elías Figueroa, Francisco “Chamaco” Valdés, Carlos Caszely y Alberto Quintano; además de la instalación del clásico entre Colo Colo y Universidad de Chile.

La gesta del 62 es la consecuencia de un acuerdo público y privado que demostró la capacidad de los dirigentes locales. Pero, también, la confirmación de que cuando los futbolistas nacionales disponen de las condiciones básicas y el liderazgo adecuado son capaces de competir sin complejos.

Hoy estamos a 60 años del último Mundial hecho a pulso. Del primero en que la faceta defensiva cobró un valor extra. Con jugadores que asemejaban atletas.

Es imposible no emocionarse y reconocer a los protagonistas de un mes que perdura en la memoria.

About the author

Danilo Díaz Núñez (Antofagasta, 1965) es un comentarista, periodista deportivo y escritor. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2009), es el Director de la Revista Tribuna Andes, Presidente del Círculo de Periodistas Deportivos y fue Director de la Revista Don Balón.